Cuaresma


¿Qué significa “cuaresma”? 

“Cuaresma” significa “cuarentena” (del latín quadraginta y quadragésima). Designa los cuarenta días de preparación a la celebración del Misterio Pascual (Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo). Comienza el Miércoles de Cenizas y concluye en el Triduo Pascual, antes de la Misa de la Cena del Señor (institución de la Eucaristía en el Jueves Santo).

La cuaresma de Cristo

El sentido principal de la Cuaresma es imitar el retiro espiritual de Cristo luego de su bautismo y antes de iniciar su ministerio. El relato lo encontramos en los Santos Evangelios: Mt 4, 1-11; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13.
En el desierto, Cristo oró y ayunó cuarenta días: «no comió nada en aquellos días» (Lc). En memoria de aquellos días y para disponernos a la celebración de la Pascua con un corazón purificado, la Iglesia invita a sus hijos a vivir un tiempo de especial penitencia. 

Origen bíblico de la Cuaresma

Además de su sentido principal, hay dos hechos en la Biblia que anticipan el Misterio de Cristo:

1. Los cuarenta años del Pueblo de Israel en el desierto: para lograr el arrepentimiento de la comunidad rebelde, el Señor los conduce durante cuarenta años por el desierto antes de entrar en la tierra prometida. Ver Deuteronomio 8 y Salmo 105 [105].

2. Los cuarenta días de Moisés en el monte Horeb preparándose para recibir la Ley de Dios: «Moisés estuvo allí con el Señor cuarenta días y cuarenta noches, sin comer pan ni beber agua. Y escribió en las tablas las palabras de la Alianza, las diez palabras» (Éxodo 34, 28).

¿Y el Carnaval?

El origen de la palabra “carnaval” no es seguro: para algunos, deriva de «currus navalis» (carro naval), especie de carroza que se usaba en algunos festejos de origen pagano. Para otros, vendría de «carnem vale», significando la “despedida a la carne” (en latín: vale=adiós), por los alimentos que no se podrían consumir en la
cuaresma. El término “carnestolendas” apoyaría este sentido: con el doble significado del latín (tóllere=tomar-quitar), indicaría la carne (y los otros alimentos) que se consumen y se eliminan previamente al tiempo de penitencia.
Estos días previos a la cuaresma, que podrían ser de sana diversión, también fueron ocasión de excesos, por influjo del espíritu mundano. Nada impide que un cristiano festeje el carnaval (sobre todo atendiendo a las vacaciones del verano en nuestro hemisferio) siempre y cuando no se haga con pecado. Para el mundo anticristiano, el carnaval significa el triunfo de la «carne» como opuesta al «espíritu» (Gálatas 5, 13-21). 

¿Qué significa “abstinencia”?

«Abstenerse» es “privarse de algo”. En la práctica cristiana, significa privarse de comer “carnes rojas”, es decir, de animales de sangre caliente (terrestres y volátiles). Los días de abstinencia, se puede comer carne animales que viven en el agua (mares y ríos). 

¿Qué significa “ayuno”?

«Ayunar» es “privarse de comida durante un cierto tiempo”. Así, existe el ayuno eucarístico: quienes van a recibir la Hostia consagrada (Cuerpo de Cristo), se privan de alimentos y de toda sustancia nutritiva por lo menos durante una hora antes de la comunión sacramental.  
El ayuno penitencial consiste en reducir lo que se ha de consumir en el día a una sola “comida fuerte” (almuerzo o cena) si bien moderada. Se puede hacer también una o dos “colaciones”: ingesta de líquidos (caldo o té; para el agua no hay restricción).


¿Para qué se hace este sacrificio?

La penitencia corporal tiene muchos sentidos: entre otros, ofrecer a
Dios un sufrimiento voluntario
 (discreto y moderado) en reparación de los pecados cometidos, muchos de ellos vinculados a los placeres.
Además, al experimentar cierta debilidad física, tomamos conciencia de la fragilidad de nuestra naturaleza. Por otro lado, el cuerpo se libera de la pesadez que habitualmente provocan los alimentos y las bebidas, y así el alma se encuentra más despejada para la oración. Otro fruto de la penitencia es fortalecernos para soportar el dolor; es como un entrenamiento: el sufrimiento voluntario nos dispone para aceptar la cruz no elegida. También nos hace comprender el padecimiento quienes contra su voluntad se ven privados de lo necesario o de los placeres lícitos, y así nos dispone mejor a la práctica de la caridad. 

¿Quién ordena cuándo y cómo hacer penitencia?

Sólo la Iglesia ha recibido de Cristo la autoridad para enseñar en nombre de Dios lo que se ha de creer y lo que se ha de practicar: nadie puede quitar o añadir por voluntad propia (Lc 10, 16). La Iglesia toma su enseñanza de la Palabra de Dios y la expresa de diversas maneras: por ejemplo, en el Código de Derecho Canónico, que es la Ley de la Iglesia. Allí dice: 

Canon 1250 En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma
Canon 1251 Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo

Canon 1252 La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad [18 años], hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.

Entonces ¿nunca se puede cambiar la abstinencia de los viernes?

Dice también la Ley de la Iglesia (Código de Derecho Canónico): 

Canon 1253 La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad. 

En la Argentina, la Conferencia Episcopal “autoriza la posibilidad de reemplazar la abstinencia de carne por la abstinencia de bebidas alcohólicas, o por una obra de caridad, o por una práctica de piedad”. 

Nótese que lo debido es la abstinencia, y la sustitución es una excepción. No está bien que lo permitido termine suplantando a lo ordenado. Y la obra que reemplaza debe ser concreta y significativa, no meramente en la intención. 

Recuperación del sentido penitencial

La mortificación (penitencia, sacrificio) no es un fin en sí mismo sino un medio de purificación, fortalecimiento y crecimiento espiritual. No se trata de una competencia de resistencia. Tampoco se practica por motivos económicos (ahorro), higiénicos (conservar la salud, bajar de peso) o estéticos (lograr una buena figura) sino para lograr la unión con Cristo.

La Iglesia nos invita a tener presente durante todo el año el sacrificio de Jesús: por tal motivo, un buen cristiano debe preguntarse si «el asadito de los viernes» es acorde a su fe. No peca quien hace uso de la posibilidad que le da la misma Iglesia reemplazando esta penitencia por otra obra buena. Pero ha de ser por un motivo razonable (no necesariamente grave): principalmente por consideración al prójimo (no por complacencia de uno mismo). Recuerda siempre la enseñanza de san Pablo: “todo me está permitido, pero no todo me conviene” (1 Corintios 6, 12 y 10, 23). Y el antiguo refrán cristiano: “quien no se priva de nada de lo que puede no sabrá privarse de lo que no debe”. —

Fuente: Pbro. Hernán Sebastián Sanchez Rioja