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Mensaje de nuestro Pastor

Alabemos a Dios que nos cuida

¡Comenzamos el jubileo por las bodas de oro de la Diócesis de San Rafael!

El gozo, la alegría, el júbilo –de ahí el nombre de jubileo– nos llenan el corazón y nos mueven a la gratitud, a la alabanza y a la generosidad en nuestra respuesta al amor de Dios, por todas las gracias recibidas desde que nació la Diócesis del Sur Mendocino.

¡Seguramente Dios nuestro Señor quiere bendecirnos mucho este año de gracia! Mirando el pasado, todo aniversario es motivo de gratitud y de enmienda de los errores cometidos, y, sobre todo, de proyección esperanzada hacia el futuro. ¡Cuánto más cuando quien festeja es una familia en la fe: la Diócesis, porción del Pueblo de Dios que, en torno a su pastor propio –el obispo, sucesor de los apóstoles– puede vivir en plenitud todos los tesoros que Jesucristo dejó en la Iglesia Católica para la salvación de todos los hombres!

Espero mucho de este jubileo: que profundicemos el misterio de la Iglesia y nuestro compromiso y pertenencia a Ella; que crezcamos en unidad y comunión entre todas las parroquias, movimientos e instituciones eclesiales; que fortalezcamos nuestro espíritu misionero para que todos puedan experimentar el amor de Dios; pero, sobre todo, deseo que maduremos nuestra fe y nuestro amor, y que alabemos a Dios que nos cuida, como invita el lema jubilar. La Iglesia viene de Dios y va hacia Él. Es de Dios y a Él nos conduce. ¡Dios la cuida y la Iglesia corresponde a su Amor con la alabanza!

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Somos la única diócesis del mundo que tiene por titular al Arcángel San Rafael: ¡Nos da su nombre y nos brinda su protección personal! Tenemos también un libro particular de la Biblia, el libro de Tobías, con el relato de su intervención en la historia de Tobías y su familia. Lo propongo como libro de cabecera para nuestro camino jubilar y espero que pueda llegar a todos los hogares y a las manos de todos los fieles de los Departamentos de Alvear, San Rafael y Malargüe. Deseo que todos lo leamos y descubramos en él cómo San Rafael hace presente para nosotros, hoy, la providencia de Dios.

Él
quiere estar cerca de nuestras familias, la que nos dio la vida y la que formamos o formaremos; quiere auxiliarnos en nuestros problemas económicos, en las angustias y miedos, en las enfermedades y los peligros, en las tentaciones o acechanzas del demonio; quiere  también ayudarnos a ser mejores ciudadanos y a realizar las obras de caridad y misericordia; quiere, por sobre todo, guiarnos y protegernos en nuestro viaje por la vida hasta la felicidad del Cielo.
¡Los
invito especialmente, pues, a conocerlo y a contar con su cercanía, su amistad y su intercesión!

La gracia de la indulgencia es la distintiva y propia de este año jubilar. Todos podemos recibirla, para nosotros o para nuestros difuntos. Las diversas maneras de obtenerla nos ayudarán a caminar con gozo y alegría, con fruto y provecho en el año jubilar.
¡Que Nuestra Señora de Lourdes, la Copatrona de la Diócesis, nos acompañe cada día, y que San José, su Esposo y nuestro Patrono secundario, siempre nos cuide en el año jubilar!
Con Amor de Padre y Hermano, y mi mejor bendición.


S.E.R. Mons. Dr. Eduardo María Taussig
Obispo de la diócesis de San Rafael