Noticias‎ > ‎

UN SIGNO DE CONTRADICCIÓN EN NUESTRO TIEMPO

publicado a la‎(s)‎ 21 may. 2014 18:27 por Parroquia Fátima   [ actualizado el 23 may. 2014 9:55 ]





Este domingo 18 de mayo, presenciamos la Santa Misa, donde el seminarista de la parroquia recibió el hábito talar, un paso importante en la vida de un sacerdote; verdaderamente fue una ceremonia muy bella. Además, queremos compartir con ustedes este sermón de Mons. Kruk sobre el sacerdocio.





Sermón de Mons. León Kruk, en el marco de las ordenaciones Sacerdotales de 25 Neo sacerdotes el 8 de Diciembre de 1990.

“El sacerdote, como Cristo, es un signo de contradicción en el mundo:
– Un hombre de los hombres para Dios, y un hombre de Dios para los hombres. Un hombre de Dios entre tantos hombres sin Dios;

– un hombre espiritual para tanta materia y tanto materialismo;
– un hombre pobre entre tantos pobres hombres. Un hombre rico en pobreza, en medio de tantos pobres espirituales, porque las riquezas materiales los ahogan y sofocan;
– un hombre que no posee nada, porque posee al que es todo y es poseído por el que se anonadó, se hizo nada;
– un hombre que por no poder, no saber vivir solo, deja su familia;
– un hombre que arriesga todo: sus bienes y su vida, y se lanza al mar sobre las olas como Pedro, porque le basta la voz y la presencia del Maestro;


– un hombre destinado a poblar el cielo infinito y eterno, frente a hombres empeñados en despoblar la tierra con su egoísmo, que en vez de aumentar el pan en la mesa suprime bocas...
– El sacerdote es un hombre, lumbrera siempre encendida, como faro esperanzador en medio de tanta tiniebla y borrasca.
– El sacerdote es un abanderado de la obediencia, en un mundo soberbio que se cree autosuficiente.
– El sacerdote es un campeón del sacrificio en un mundo cómodo y hedonista.
– El sacerdote es un luchador y atleta entre tantos fracasados ya antes de iniciar la pelea o la competencia.
– Es un gigante en medio de tanta chatura y raquitismo rastrero.
– Es un hombre de altura porque sabe que de rodillas ante Dios, se sobresale en estatura espiritual entre los gigantes de este mundo, pigmeos en la virtud que en su arrogancia atropellan los árboles porque no son capaces de comprender que los mismos surgieron de una humilde semilla depositada en la oscuridad de la tierra.
– El sacerdote, en fin, es un hombre que ríe y que canta, si es necesario, solo, en un mundo que llora a coro su alocada desventura.
– Un hombre que pregona la paz en el estruendo de la guerra, un hombre hoguera de amor en un mundo que se va congelando por el egoísmo como un témpano.
Hermanos: por estas cosas el sacerdote es un incomprendido por muchos, aunque deba comprender a todos; debe servir de apoyo a todos, aunque a veces no tenga en quien apoyarse, humanamente... Pero precisamente en esto radica la grandeza y la alegría del sacerdote.”